domingo, 25 de abril de 2010

CREO QUE ME AMO - Paty - Abril.2010.



Creo que me amo en función de tí.
Eres el espejo mágico que me retorna tu amor
hasta embeberme en tus sentidos.

Si me miro en el espejo de tus ojos,
acunaré las lágrimas que me despiden.
Y en cada estrella, como cada noche,
sucederá la guerra de mis manos contra tu piel.

En el contorno de tus curvas
ocurren las batallas  más inesperadas,
ligando así mi espalda con tu espalda.
Y en el reloj, que suena en este instante,
las estrellas fijan su mirada.

Enséñame el humor que hay en las perlas de tus dientes
y que no incomode el pelo de mis canas.
Mi juventud te presto a cada instante,
sintiendo yo, que tú me la regalas.

Cifras y letras de oro, las que bailan,
haciendo parar el tiempo de mi entorno.
Mas, la pintura que mi mano arregla
en el lienzo, escribe partituras
de notas, de violines, y de pianos,
lloviendo en el espacio vacío de tus piernas.

El pensamiento se detiene ahora...
Caprichoso azar de camino y olvido.
En tu silencio habita el mío...

La luz se adivina entre las sombras
con el fin de encontrarte en la mañana
de las puertas que se abren y se cierran,
que esconden y adivinan tu enseñanza;
cuando aprendo cada espacio de tus labios
en el sentir descalzo donde andas.

La bola de cristal que te acompaña,
es el espejo tornante de tus palabras,
dejándome morir en el espacio
que existe entre mi cuerpo y tu alma.



Patricia





martes, 23 de marzo de 2010

NO ME PREGUNTÉIS MAS (RimbaudVerlaine)



No me preguntéis más
lo que veo cada mañana,
cuando me asomo a la luz
de esta tranquila ventana.


Lo que veo, es lo que está
brillando con la alborada.
Los hombres, madrugadores;
las mujeres, enfaenadas.


Eso está ahí, desde siempre,
lo que marcó nuestras vidas,
y que tomé por costumbres
que daban ritmo a las mías.


Me está faltando tu voz
el brillo gris de tu mirada,
y divisar tu alejada sonrisa
en suave perla engastada.


No me preguntéis más
por qué, tiritando, aguardaba
emparejándome las manos
mientras, vibrante, escuchaba:


Tus pasos en la escalera,
la premura de las pisadas,
trepando hasta la estancia
que siempre será tu casa.


No me preguntéis más
qué esperaba a tu entrada,
y, al abrirte nuestra puerta,
el abrazo que anhelaba.

No me preguntéis más,
qué es lo que luego pasaba,
cuando sentía tu presencia
ciñéndome con tus brazos.


Ensombrecías mi ventana:
arrimabas, a la mía, tu cara;
y, alzándome con tu fuerza,
me echabas sobre la cama.

Para explicar mi mutismo
no sabría que deciros.
No bastarían palabras
para romper los silencios.


No me preguntéis más
porqué ahora, cada mañana,
cierro enseguida los visillos
para sumergirme en mi nada.




Rimb

lunes, 25 de enero de 2010

AHORA MISMO... Y DESPUES. (PATY&RIMB)

Ahora mismo; cuando escribo, soñando con tu rostro,
imagino que, por dentro, temblarás con impaciencia,
buscando, en lo que suele definirse como conciencia,
el tenue vínculo que pueda crecer, fértil, en nosotros.

Mirándote, y sin mirarte, me sentiré indefensa.
Escrutando ese cielo, imagino que estás cerca.
Oscurecerá, al tiempo en que cierras tus ojos;
sonriendo, burlón, y ausentándote del mundo.


Te llevaré hasta mi refugio tras un biombo de estrellas,
ocultándote a mi deseo con la pura y sincera franqueza
que pertenece a la intimidad de quien quiere, y piensa,
integrarse en ese vacío de almas, y gemelas sintonías.

Translúcida como el cristal, te miro, angustiada,
viniendo hacia mí, para abrazarme en ausencia,
ensayando un soñar nuevo en cada crepúsculo,
mientras nace un mundo bajo tus pies mágicos


Antes, otros cantaron los devaneos enigmáticos del alma.
Cada vez que un poeta escribe, con versos estremecidos,
pájaros de vuelo universal caen sobre la tierra, heridos
por agudas flechas y furias lanzadas sin tregua ni calma.

¿Cómo podemos pactar mis luchadas esperanzas,
si tengo las manos tendidas, llenas de caricias?
¿Cómo puedo abandonarte en el gélido silencio,
sabiendo que mi lengua es aún de un rojo fuego?

Déjame en esa distancia estelar que nos protege y aparta.
Jamás podrá haber un camino hacia atrás para alcanzarte.
Y aunque intentara, en el ardor de ese crisol, quemarme,
no podría mostrar, sin temor, la verdad oculta de mi cara.

Tus excusas son la frontera que me salva y separa
de las leves y entrelazadas trampas de tu abrazo;
rechazándome, y olvidando las súplicas de hogaño,
me proyectas hacia un próximo crepúsculo realista.

¿Preguntas sobre qué pudiera ser el amor, a simple vista?
Parece que no tiene mucho que ver con nuestros cuerpos.
No hay segunda verdad mejor que lo fue una vez primera:
que, atractiva, reclamó a dos seres distantes se quisieran.

Yo también guardo mis ruinas en un frasquito,
que navega en un barco de papel envejecido.
Mas lo tengo, plegado, debajo de mi almohada
hasta surcar el postrero mar de mi naufragio.


Cuando aún te quedan por vivir tantos y tantos días
para intentar renacer, y permitirte dar sus licencias
a la resignación de conservar guardadas tus esencias,
quizá, no debieras describir aún un fin entre agonías.

¿Crees que todavía no pudiera intentar ilusionarte?
Sería una irrealidad, paralela a los sentimientos
conque me inspiras a extraer lo que llevo dentro
de forma tan sutil, simple, compulsiva e inocente.


No me hagas caer en ese pegajoso gris de la impaciencia.
Solo puedo escribirte, desde mi corazón, aún sin mirarte;
porque no podría otra vez, como aquel día, enamorarte,
sin tomar sobre mí un pesar de irresponsable insolencia.

¿Cómo puedes dejarme esa huella, y esa herida?
¿Cómo me dejas la deuda de que se acompaña?
Nunca acabarás, porque en mí no existe el olvido,
Mientras persistas en mi evocación, estarás vivo
.

Digo que no, como niego crédito al futuro y al presente.
De lo que yo devoraba con mordientes besos de alegría

preservados en la memoria, hay residuos aún latentes.
Hoy no imagino querer estar en tu presencia, ni podría.

Sí... Mi corazón late al compás del raudo tiempo,
simplemente leyendo muy despacio tus palabras,
que sollozan, destruyendo así el pertinaz silencio
en que volcaste los recuerdos leves de tu infancia.

Hemos extraído de nosotros la sustancia mental que alimenta
lo que suele poemarse con sentencias tentadoras y enjoyadas.
Otro error sería caer en la codicia de querer alcanzar el cielo,
y tocarlo, con manos que nunca conseguirían trocarse en alas.

Quiero residir en ti con la misma quieta imagen.
Deseo albergue al asilo de tu residencia eterna,
hacer que vuelvas atrás en tu vida y recordarte
que antes fuiste niño ya, adolescente y joven.

Soy cauce de agua helada que arrastra musgo de las cumbres.
Hojas viejas; ramas tronchadas y frutos ahogados en fluidos,
que, tiempo ha, cayeron de sus árboles..., y están podridos,
bajo la vivaz luz y un demoledor fragor de incertidumbres.

No me olvides, ni aún como a una quimera.
Pudiera ser que, si, cuando desaparezcamos,
nadie querría saber lo que aquí ensayamos,
y nadie podria averiguar nunca lo que yo era.

Además, cada cual tiene cierta idea del color de sus pecados.
Aunque intentáramos olvidarlos, o dejarlos perdidos y lejos,
siempre volverían a manifestarse, al revelarse en los espejos;
por lo que, de algún modo, estarán siempre ahí, y recordados.

Si piensas olvidarme tan pronto, y me obligas,
yo no te desterraré de mi atrevida memoria.
Puedes hacer todavía lo que más te plazca;
pero nunca más oses desgajarme de tu alma.

¿Te imaginas lo que pasará cuando mis dedos no escriban,
o no sean hábiles para saludar tu despertar cada mañana?
Y pudiera ser en un momento, tal vez, cualquier semana.
¿Quedaría tu amistad, y valdrían los versos que te miman?

Mis lágrimas pudieran, quizás, destruirte,
llevándote a lugares que nunca desearas.
Aún y así, y donde sea, te quiero conmigo.
Ten seguro que no me perdonaría dejarte.

Contigo iré siempre, si logro sembrar en tu mundo interior
el lenguaje que puedes usar para comprenderte por dentro.
Sostendré que lo hagas tuyo, y de costumbre tan perfecto
que no deje ningún lugar a la crítica, la censura, ni al error.

Me tienes atrapada con ilimitadas cadenas:
arroyos de palabras para construir poemas;
consejos que me atormentan en la memoria,
escritos con los dedos, acariciando mi mano.

Solo me queda decirte: no precisas que nadie te motive.
A trancas y a barrancas, adquieres un bello vocabulario.
Eres afortunada en intuición; queda depurar lo necesario.
Tendrás que luchar para lograrlo. Que nunca se te olvide.

Nunca dudes que yo no quiero olvidarte.
Jamás pongas en mi boca esas palabras.
Y, aunque ninguno de los dos esté mañana,
de mi recuerdo nunca conseguiás ocultarte.


Paty&Rimb

miércoles, 9 de diciembre de 2009

ANOCHE, ESCUCHÉ AL VIENTO - Patry/&/Rimb


ANOCHE, ESCUCHÉ AL VIENTO

Anoche, escuché al viento.
Era un lamento
de lobos vagabundos,
y suspiros de enamorados.

Anoche, escuché al viento
agitando el sonajero de las hojas
de los árboles de tu jardín secreto,
y suspirando dolores.

Y me contaron rumores,
y me hablaron de amores,
y me trajeron los ecos
de tu voz y de tu canto.

Se fueron los lobos, aullando.
Las hojas dejaron de sonajear al aire
y arrastraron los silenciosos besos
hasta el negro azul del infinito.

Allí se perdieron,
como satélites y estrellas
vagando, sin otro rumbo
que buscara, otra vez , tu aliento.

El espejo de tus ojos
y el agitado ondular de tu cabello
estremecieron tu cuerpo
con un febril movimiento.

Y, de nuevo, escuché al viento
arrastrando las palabras
como alegres mariposas,
haciéndome volar en el tiempo.

Navegué en el laberinto de tu piel
y me perdí entre tus trece lunas
Soy como un árbol desnudo sin ti,
una flor ofrecida con lágrimas de rocío.

Moteada de risas coloridas
despertando la curiosidad que me ofrecías.
Entre tus cálidos senos, me dormí
para cantar, aullando, la canción de mi agonía.


Patry / Rimb

INTRIGA PATRY/&/RIMB

INTRIGA

No he descubierto, aún, lo que eres.
Me escondo delante de tu sombra,
aumentando mi miedo por lo que haya detrás.

No me mires más; soy el residuo de ese brillo
que ilumina tus pensamientos.
La luz se ha embebido en ti; yo soy la oscuridad.

¿Qué hay dentro? ¿Que escondes cuando no estoy?
¿Porqué me sigues a donde vaya?
¿Qué te lleva a perseguirme?

No solo el rastro de tu perfume.
Tu sedoso caminar me incumbe
porque arrebata mis pasos.

¿Y, teniéndote a mi lado, me defiendes de tu apariencia?
¿Porqué debiera temerte,
siendo parte de mi hálito y sustancia?

Siempre dejo que avances un paso por delante,
para que tú tengas el sol, y extiendas tu aroma,
sobre la árida opacidad de mi silueta.

Siempre aprenderé algo mientras estés a mi lado:
una esencia, el fervor de una palabra,
o la forma de un suspiro.

Desde tu lugar, rumorearás consejos a mis oídos
e intentaré grabarlos a fuego en mi memoria,
en mi alma y en mi corazón.

Te llegarán como el ruido de las olas,
pero el agua no extinguirá el fuego de tu espíritu.
Será un faro erguido ante la borrasca.

Más, no puedo perderte.
Quiero tenerte a mi lado, por siempre,
aunque te encuentres huido.

Nunca se pierde un espíritu,
solo se echa de menos la materia,
si ésta se torna intangible.

Pero, leerte, es estar en ti, en cuerpo y alma.
Te presiento como un mar en calma
que se durmiera en mi playa.

Siempre tu sensibilidad me admira.
Al alma se le abraza como se respira,
sumiéndola en tu interior, como el aliento.
Patry / Rimb

jueves, 19 de noviembre de 2009

TRECE DE NOVIEMBRE, Y SIN TARJETA.

Una balada intenta exaltar el sentimiento.
Ya se conoce lo que se suele decir en este caso;
cualquier censor puede pensar salirme al paso
confundiendo lo que siento y lo que intento.

Me podrían recriminar el estar mintiendo
si tratara de escribir un triste cantar,
procurando mostrar pesaroso penar,
negándole la palabra amor al pensamiento.

Se dice que trovar es arrinconar el temor.
Entonamos para procurar evitar el miedo,
y creo que generamos un extraño remedo
conque ahuyentar lo que nos causa pavor.

Al que guste oficiar como espontáneo trovador
no es diferente del que, al abrigo de las cañas,
trata de ocultarse con inextricables artimañas,
encubriendo las astucias de su instinto cazador.

Empleamos, como arma de seducción, la poesía
y buscamos en la profundidad de nuestra mente,
vocablos que expresan la petición más ardiente,
cuando, a decir verdad, nuestra demanda es fría.

No es el afecto lo que nos mueve, ciertamente,
sino el egoísmo de conseguir lo que pretendemos.
Y creo que es el miedo a perder lo que queremos
lo que nos hace fingir con un verso lo evidente.

Llevamos por dentro a un don Juan impenitente,
que contabiliza a sus amores por conquistas.
Y, pensando que las mujeres son muy listas,
raro es que concedan sus favores graciosamente.

Algo hay de retorcido en este seductor proceso,
cuando, de siempre, ha sido difícil la batalla
por una hembra, para alcanzar esa medalla
de consentir nuestro afecto, aceptando un beso.

Es más fácil imitar al grajo que al ruiseñor,
por lo tanto, fingimos sentir desconsuelo
mirando apesadumbrados al santo suelo
mientras inventamos falsos gestos de dolor.

Es recurso del vate, en este luchar avezado,
recurrir al sabido e histriónico procedimiento
de fingir dolor, anhelo o, tal vez sufrimiento,
como un actor en la gestualidad entrenado.

En las cuestiones pasionales hay que perder
el miedo a prescindir de falaces ilusiones,
sujetando la imaginación con mil razones
que nos aclaren bien lo que vamos a obtener.

Todo lo que diga quien sea, debe ser filtrado
con el sentido común y la razón muy clara.
Si, dejando al corazón, alguien nos deseara,
le sobrarían incontables vocablos al recitado.

Porque ¿qué pudiera motivarnos a suponer
la verdad de gimotear así, como remedio?
En el anhelar que ostentan, hay por medio
muchos otros deseos que debemos de saber.

¡Qué fortuna en palabras la que se dilapida
cuando se quiere obviar lo usual utilizado,
para declararle tus ternezas al ser amado
evitando la que es de natural la convenida!

Pero, resulta curioso que resolvamos el tema.
Difícil conquistar al sexo opuesto en lo venal,
encubriéndole nuestro claro instinto animal
con el ilusorio recurso de componer un poema.

¡Oíd! Aquí, visto desde el umbral de lo vivido,
mirando hacia atrás con despaciosa serenidad
no distingo el pasado de la presunta eternidad
haciendo balance de lo proyectado y obtenido.

He llenado mi vida de dichos que hoy declino,
midiendo en mi memoria aquello ambicionado
tratando de evitar reiterarme en lo tan usado,
para reflejar, del simulado sentir, el desatino.

Sin recurrir a un censor, soy yo mi propio juez
mientras releo y paso al papel tantas locuras
que, en su día, arreglé, con alguna donosura
pensando que se hicieran realidad alguna vez.

Esto escrito no es más que un acumulado rimero.
Por mucho que manifestara una razonable ansia,
empleando más que la capacidad, mi constancia,
a estas alturas de mi ser, prudentemente espero.

Tanto inventarme la expresión más convincente,
para motivar en el espíritu complejas emociones;
si al aunar del ritmo tenaz de nuestros corazones,
entendí que sus latidos nos unirían para siempre.

No voy a teatralizar esto con un: ¡por ti me muero!
La vida no está en mis manos, eso ya lo asumo.
Deseo que aceptes lo que aquí y hoy te resumo:
las palabras que, al verte, pronuncié: ¡Te quiero!

Rimb

viernes, 2 de octubre de 2009

DUDO - RimbaudVerlaine- Octubre 2009


Hace ya algunos días en los que no siento tu calor junto a mi cuerpo. Dudo que haya sido el rápido amancer de esta mañana lo que ha provocado mi temprano despertar.

Me tienta pensar cual ha podido ser la razón de tu abandono.

Todavía estás ahí, frente a mí, silueteado de luces y sombras retenidas en el espejo del cuarto.

El frío de tu ausencia me conmueve cada noche, y es inútil que pretenda cubrir mi desnudez con el arrope de las mantas.

Mis sentidos perciben el vacío de tu alejamiento. El lugar que ocupabas junto a mí, en la cama, es un molde desprovisto de la sustancia de tu carne, de tu espíritu, de la presencia con la que tropezaba, accidentalmente, en cada vuelta o revuelta de mis ensueños.

De este modo, me he levantado para cubrirme con la bata de seda..., la misma que antes despojabas con ansiedad antes de hacerme feliz.

Ahora, cuelga de la percha carnal de mis hombros como un blanco crespón que ocultara de la vista el motivo de tu deseo.

Contemplo mi aspecto. El reflejo mateado del cristal me retrotrae a la memoria tersa y antigua de mi cuerpo joven, antes que la de este hoy de mi cansada existencia.

Ha pasado el tiempo, aquel que nos prometíamos sería eterno, pero que quedó reducido a la suma de unos cuantos años.

Sin embargo, ha sido hace unas pocas horas cuando he sentido con fuerza la realidad de tu ausencia.

Es el tercer día de mi soledad. Es el tercer día en que mi desnudez no reclama tus caricias.

Es el tercer día en que no nos estorbamos en la ducha, bajo la fiebre animada por el chorro del agua caliente resbalando por nuestros cuerpos.

No quiero entrar en ese baño que solo sirve para desahogar lo esencial, sin que sus brillantes azulejos me produzcan los mismos escalofríos de cuando ambos nos desnudábamos para prolongar el contacto de nuestras pieles enardecidas.

Hoy seré semejante al reflejo, desvaído y cristalino, en el espejo de la habitación: un fragmento mateado de luces y sombras; un ente indefinible y solitario.

Para volver a reconocerme, me falta el hermoso contraste del rotundo perfil de tu figura, tu fortaleza humana aventajando mi estatura, por encima de mi desordenado cabello.

Y tus manos..., siempre tus manos... Echo en falta tus grandes manos de hombre abrazando la prominencia de mis caderas, explorando la tersura de mis senos y dando soporte a la fértil fragilidad de mi cintura.

Entonces no existía el tiempo ni la conciencia del paso de las horas, sino el recurrente advenimiento de unas frenéticas expectativas. Hoy, y ahora, solo me queda el refugio de mi memoria, empeñada en recordar cada acostumbrado gesto de tu cuerpo.

Enciendo un cigarrillo. Ya sé..., es demasiado temprano. Siempre me has reprochado ese deleite final de descanso y abandono. Pero ahora lo necesito, cuando representa, como el humo que se desvanece, la liviana intuición de tu alejada existencia.

Y, sin embargo..., retorno al lecho donde me arrojabas, de pronto, sin que me dieras tiempo a que pudiera consentirlo, y me despojabas de la bata para acariciarme libremente.

Yo no debía hacerlo sola; nunca me ha gustado la íntima soledad de mi sexo.

Sinceramente, añoro tu risa, pero tambien tu orgullo erguido y su vigor.

Cierro los ojos y trato de recrear las formas de tu cuerpo. Hago retornar, desde el cristal del engañoso espejo, la imagen inolvidable de tu desnudez altiva, jugando a mostrarme tu firmeza.

Aquel desparpajo con que me tomabas, volteándome cuando querías, enfrentándome cuando lo deseabas, seduciéndome cuando ansiabas que mis labios te proporcionaran mucho más que palabras y yo me sometía a la demanda de tus deseos, como una muñeca humana al borde del lecho, oscilando dócil, sintiendo placer en cada sugerido envite y, al descubrirlo después, devoraba el beso perdido entre el vello de tu vientre.

Luego, decidido, me impulsabas hacia atrás para que expusiera ante ti lo que esperabas, antes de hacerme retozar con tu pujanza.

Ahora, solo tengo encima de mí la última luz remanente de una lámpara agotada. Y pienso, musitando tu nombre mientras, con los ojos cerrados, reproduzco en mi pensamiento la presión de tu cuerpo contra el mío, y extiendo inconscientemente mis piernas para recibirte como a un fantasma que llegara a poseerme sin sentirlo dentro de mi cuerpo.

El aire, la luz creciente y mi deseo inextinguible me empujan a abrir, con dedos inquietos, la tierna caja de mi húmeda esperanza, donde no te guardaré hoy..., y no sé si, quizá, algún otro día...
Tal vez mañana.

Rimb.