domingo, 25 de mayo de 2008

DA IGUAL (Rimbaud - Mayo 2008)


-- Da igual; ya nada importa – dijiste,
mientras una rosa amarga sellaba tu boca
y tus ojos emprendían un infinito vuelo
hacia los recónditos lugares de la astucia,
donde escondías las trampas más sutiles
y las artimañas con que apresabas mi cariño.

-- Da igual; ya nada importa – repetiste,
eludiendo, con un quiebro de tu hermosa figura,
las febriles intenciones ansiosas de mi mirada,
que quería reaprenderse las formas de tu silueta
delineando los senderos tantas veces recorridos,
cuando mi piel era el único cobertor de tu cuerpo.

-- Da igual; ya nada importa – afirmaste,
emprendiendo un seductor retorno a mi rostro
para fijar en él un cruel reproche inesperado;
como un puñal de vivo filo que me atravesara,
despreciando la densidad de mi memoria
y desgarrándola en fragmentos de recuerdos.

-- Da igual; ya nada importa – asentí,
sabiendo que con ello traicionaba mi creer,
y quebraba el interno juramento que hice
de seguir amándote, fiel y para siempre,
mientras quedaran fuerzas en mi espíritu
y me agitaran las palpitaciones de la vida.

-- Da igual; ya nada importa – recordaste,
con el aliento frío de quien escupe su desprecio
abandonándose a la injusta ira del momento.
Y, así, dejaste caer de tus labios la rosa amarga,
envenenando el espasmo agónico de los míos
que, trémulos, cerraron en un rictus tus palabras.

-- Da igual; ya nada importa – musité.
Y, poco a poco, como si el viento se tornara polvo,
me envolviste en un disuelto manto de arena,
desgranando tu estatua de amor, desmoronada,
hasta fundirla sobre la vacía extensión inhóspita
de mi desesperanzado e inclemente páramo perdido.

-- Da igual; ya nada importa – confirmé entonces.

Rimb.

jueves, 24 de abril de 2008

SANT JORDI 2008 ( Closinglisboa)




La fugaz llamarada de un poema
talla la roca en que el tiempo
ha convertido nuestro corazon.

Un vértigo gozoso
separa las partículas diamantinas
hasta hacernos sangrar.

Te miro, hecha luz y piedra,
sabiéndote huella fértil en mí.

Sigo el rastro húmedo del verso
donde brota la vida, en un cauce
que va más allá del simple discurrir.

Tiempo sobre tiempo.


Closing Lisboa.

viernes, 4 de abril de 2008

EN LO OSCURO

En lo oscuro del tiempo muerto
vibra una sombra cercana,
un día fue alegría,
otro una mala pasada.

Rompe en mi pensamiento;
retumba en mi alma;
me cubre como la noche;
me envuelve y me apaga.

El desierto que ahora me embarga,
tiene las huellas marcadas
de aquellos días,
de aquella etapa.

Caigo en una idea;
me cuelgo de una lágrima,
dibujo con un pincel
de vida desparramada.

Y trepo por mis entrañas
buscando una luz
que, ilumine mi esperanza.

potroviejo

CANTO I

¿Quien os dijo que el poeta era un loco?
¿Acaso es locura hablar de amor?
Dulce locura que, enerva el cuerpo
y el alma suavemente cura.
Que hace ver más allá de la realidad,
elevando misteriosamente a bondad
lo que para otros es simple calentura.

¿Acaso es locura hablar de dolor?
Dolor propio y ajeno,
desgarrado en palabras con valor,
mostrado en una rima pleno.

¿Os dijeron que soy un loco?
Pues os dijeron bien.
Loco soy sin remedio,
amor al mundo y a la vida
y canto cuando puedo
lo mismo que el pájaro trina.

Mi canción se eleva
en las notas del vivir
y por ello entono cuando quiero
amor, dolor y desespero.

potroviejo

lunes, 24 de marzo de 2008

NOCTURNO (Rimbaud) marzo 2008.



No recuerdo bien tus palabras,
pero has vuelto a remorderme
el dúctil cobre de la memoria
con la fuerte sal de tu mirada,
dejando otra huella indeleble:
un fino trazo de suave dulzura.

Hace muy poquito, los tambores
retumbaban por las frías calles,
con resonantes ecos de misterio,
robando sueños y albos desvelos;
despabilando conciencias tibias;
preconizando crueles tormentos.

Sonsonetes, trompetas y clarines,
desgranaban maullidos asonantes,
ahuyentando los tímidos pecados
como a sospechosos negros gatos,
de hirsuto pelaje erizado y agudo,
que se espantaran de sí mismos.

Las dolientes luminarias de cera
de tantos disciplinados cofrades,
ungían de vaho, amarillo y oro,
los encalados rincones del Rocío;
los balcones repujados de hierro,
enlutados con oscuros crespones.

Impaciente y amoroso, Don Juan,
con su extremado y gélido aliento,
silbaba agudos piropos de hielo
a la novicia lunática y ausente,
tocada con el blanco de las nubes
en su hábito universal e infinito.

A hombros de los duros costaleros,
abriendo los brazos con ternura,
la virgen del dolor, la negra rosa,
acunada suavemente, se balanceaba
escuchando, postrada de hinojos,
el aquejumbrado dolor de una saeta.

Las letanías eran rumores de oleaje
brotando de un mar de penitentes.
Las rejas liberaban pájaros ansiosos.
Llovían, mezclados, pétalos de rosa
y lágrimas dentro de los corazones,
y en el cristalino brillar de los ojos.

De este modo pasaron algunas horas,
vestidas de túnicas, hábitos y capirotes,
de los tantos días de la Semana Santa;
en cualquier lugar, en cualquier villa.
Por ejemplo, y no es por querer señalar,
ahí mismito: en la ciudad de Sevilla.

Rimbaud

jueves, 6 de marzo de 2008

AL MARGEN, LA PALABRA ( Closinglisboa (febrero 2008) )

Escrita en el margen de un libro,
la palabra vida se alia con el texto,
como la amante que dulce alimenta
la pasión encendida en sus páginas.

Un soplo de aire crea una nube de confetis
que bailan, mientras caen lentamente,
para colmar de augurios y presagios
la existencia de aquellos que, brújula en mano,
sueñan, despiertos, hallar otro punto cardinal.


Closinglisboa

miércoles, 20 de febrero de 2008

CARAMELO SALINO (Rimbaud - Febrero 2008)


Chupé tus labios, sediento de azúcar y luna;
la sal me devolvió los sabores grises del mar;
mi lengua se perdió en recovecos de espuma
y las arenas quedaron embebidas de bruma,
mientras iniciábamos nuestra danza de amor.

Tenue fue el contacto con tu piel nacarina,
encendida la mirada que observó tu bailar,
oscilando en el aire en flotante serpentina,
apresado en tus brazos, furtiva danzarina,
arrebatado, cautivo del deseo y de tu calor.

De lejos llegó el sonido oscuro de tu voz divina,
y el rumor apretado de las olas en brutal roar,
sonora llamada de sirena, con canto de bocina,
rasgando nieblas saturadas de húmeda calima,
ocluyendo en un negro cielo las luces del albor.

Tendida, sobre un húmedo lecho de algas finas,
te hice mía, sin que pudieras negarte a mi gozar.
Y dentro de tu cuerpo, mi brillante aguamarina,
entregué la razón de mi deseo, dulce concubina,
con el excitado gritar animal de un rudo clamor.

Ahora, alejados por tantas millas de agua salina,
no me queda otro remedio que intentarte soñar,
Mis recuerdos son hoy blanca y suave muselina;
velos tenues en arrebujes de tela sedosa y fina,
como suspiros sembrados en rastrojos de dolor.

Rimbaud