miércoles, 13 de febrero de 2008

ESPIRITU DE NAVIDAD (Rimbaud - Enero 2008)

Dudo
que podamos recuperar, al próximo futuro,
con plenitud,
el perdido espíritu sencillo de una Navidad
que celebrar.

Especulo,
sobre la falta de profundo sentimiento,
y auguro
que jamás volveré a sentir un contento
duradero.

Es navidad,
y nos deseamos una gélida e imposible felicidad,
rutinarios,
cuando pensamos hacer un ejercicio de caridad
solo por saludar.

Mujeres sentadas,
en el regazo pudoroso, recogidas,
portan
mazos de rojas pascuas floridas,
en un florero.

Madres,
llevando, cuidadosas, sus abultados vientres,
cultivan
la fértil semilla de unas vidas incipientes
que alumbrar.

No hay señal
de que aparezca, por el oriente, la estrella
y el ángel,
que anunciaban el signo de la paz bella;
y desespero.

Aún pienso,
aunque no recuerde cuando tuve oportunidad
de cantar
aquellos simples villancicos de alguna Navidad,
sin llorar.

Moviendo
rebaños de ovejas, los pastores pernoctaban
la Noche Buena.
Recuerdo los días en que, velando, aún soñaba
con ser aventurero.

Los cristales,
rodeados de musgo, eran claros manantiales,
de agua fingida.
En cuadras de madera y barro, los animales
calentaban el hogar.

Sabios,
que la tradición calificaba como adivinos,
o magos,
recorrían el aserrín arenoso de los caminos
con paso austero.

Veo que,
como siempre, los inocentes y sencillos,
pasaran apuros
al ver qué prestos se afilan los cuchillos
de degollar.

Alambres
retorcidos aprisionan las conciencias.
Y los verdugos
darán muerte cruel a la inocencia,
por dinero.

Camellos
que no arrastran carros llenos de turrón.
Tanquetas,
llevando enfilado el negro gris del cañón
de arrasar.

Mirad hoy:
entre las brumas polvorientas del desierto,
cómo surge
el pálido oasis, convertido en helipuerto
artillero.

Casi mudo,
el silbido asesino de las metrallas;
abrirá claroscuros
de cal agujereada, en las murallas
de ejecutar.

Aventuro,
que resonará la zambomba seca del metal
duro,
y el fragor vibrátil del cruel estallido letal
y artificiero.

¡Qué vergüenza!
que se confunda la razón con el discurso vano;
o el honor y la gloria
con conducir hacia la muerte a tanto humano,
sin pensar.

¡Perjuros!
Habláis de la paz como vil canalla
entre promesas
de esperanza tejida con gruesa malla
de acero.

¡Figurones!
creados por quienes quieren recrear Reyes y Pajes
falsos,
cubriendo cabezas y heridas, con vendajes
para curar.

Lunas y Cruces
curvas, con líneas de espada enrojecida.
Y sobre azul,
estrellas blancas de la autoridad ejercida
como maestro armero.

Las bengalas
y las balas trazadoras, que se disparan a cientos
iluminando el cielo
de las "mil y una noches", hechizadas de cuentos
por inventar.

Blancos
hogares de cal, con esencias de mirra y oro
ennegrecen,
abrasados por el fuego imparable, sus tesoros
de zafiro y luceros.

¿Quién es
el que quita a los niños el arma inocua de su sonrisa
desnuda,
para entregarles un fusil y la triste uniforme camisa
de guerrear?

Aquellas
voces limpias que recitaban cantares entonados,
se quiebran
en sus jóvenes gargantas de buitres, descarnados
y rapaceros.

Dolientes,
aún existen cantores revelando el misterio
de la suerte,
celebrando tener la triste paz de un cementerio
como pudridero.

Queremos vivir...
No intenten resolver la vida con la muerte.
Admitiendo
que la existencia es lo contrario de lo inerte,
dejen a los vivos gozar.

Rimbaud

sábado, 3 de noviembre de 2007

NOCHES CLARAS, NOCHES OSCURAS


Algunas veces las noches son oscuras y otras veces son claras,  aunque esto parezca obvio por la claridad de la luna o la cantidad de nubes que cubran el cielo, no es a eso a lo que me refiero, independientemente de la fase de la luna o de la cantidad de nubes que cubran el cielo, las noches pueden ser claras u oscuras. Llamo noche clara a esas noches en las que parece ir bien todo, quizá una buena compañía, tal vez una cena agradable o simplemente una conversación reposada mientras degustamos un buen té o una copa de Armagnac. Aroma a café recién hecho e incluso un tenue olor a tabaco de pipa, cada uno puede imaginar el momento y la situación que da lugar a ese estado de perfección, instantánea en el espacio corto de una noche lenta. Noche de verano, tumbado sobre la hamaca contemplando un cielo estrellado de luceros que nos guiñan sus luces lejanas, posiblemente una música suave que llena el ambiente con melodías de antiguos recuerdos. Una mano que nos acerca el azúcar, mientras sus labios sonríen al son de un baile cadencioso apenas insinuado en la mirada viva y alegre de algún acompañante. Ese tiempo nocturno en el que nos gustaría quedarnos un par de siglos, pero que conscientes de su efímera existencia bebemos con ansia, saboreando hasta su última gota. Eso es lo que llamo una noche clara, amigos, conversación, cascada de ideas saltarinas entre risas y temas serios, intranscendencia del tiempo, lo que cuenta no es la línea sino el flahs instantáneo, el recuerdo de otros momentos mientras creamos nuevos recuerdos, el debate de visiones que aunque sean diferentes, siempre son armónicas porque lo que importan son las personas, arte, literatura, música, la compra del día, el fútbol, el trabajo, filosofía en zapatillas o los secretos de la vida, todo cabe en una noche clara y cada tema cada minuto ilumina más y más. También aunque sea una noche de invierno, sin estrellas que contemplar, sustituimos su luz por la llama de un buen fuego, o tal vez por las luces parpadeantes de unas velas y miramos hipnotizados la llama que se retuerce con la misma intensidad que aportamos calor al momento. Nada inquieta, sabemos que son las horas de dejar esas historias, que pasada la noche volverán a rondar en la cabeza.

Luego están las noches oscuras, horas largas nocturnas que flagelan nuestro pensamiento, horas amargas cual hiel, que no podemos tragar ni siquiera con el café endulzado, en esas noches el alma no flota, se arrastra pesada sobre las sombras que invaden el lugar de nuestro existir. Soledad, tristeza, abandono, olvido, preocupación, se abre un vacío redondo donde caer sin poder asirnos a sus márgenes. Las ideas nos rondan como carceleros de nuestro propio cerebro, golpean las meninges y hacen crecer un dolor sordo que partiendo del estómago se asienta en la cabeza, si pretendemos refugiarnos en el sueño, éste esquivo, huye de nuestro lado dejándonos a merced e una realidad que no queremos, pero que sufrimos en contra de nuestros deseos. Las horas pasan lentas y el rítmico golpeteo del reloj retumba en nuestra mente inquieta, nerviosa y cansada. Algunas veces deambulamos por la casa sin rumbo fijo de habitación en habitación y otras dejamos la mirada perdida en un horizonte inexistente, mientras nuestro cuerpo permanece anestesiado a todo lo que le rodea. Noches oscuras, largo camino entre el crepúsculo y el alba que necesariamente recorremos solos. El pensamiento de que al final volverá a salir el sol, es nuestra única esperanza, a la que nos agarramos como a una tabla en un naufragio.

Noches claras y noches oscuras, todos tenemos esas noches, aunque solo quisiéramos tener las primeras. Hay un tipo de noche más son las noches de amor, estas no son claras, ni oscuras, son noches especiales que traspasan el límite de lo puramente terrenal, porque pasearse por las horas mágicas donde dos almas caminan juntas es otra historia y por tanto requiere de otro cuento...  tal vez mañana hable de ello.

potroviejo

viernes, 5 de octubre de 2007

DIGO TU NOMBRE ( Closing Lisboa - Septiembre 2007)


Desde hace algún tiempo,
escribo tu nombre en todas las cosas,
para que pierdan su tacto frío, indiferentes
a cualquier vestigio que las aparte de la rutina.

Y así, ésta palabra, escrita en silencio,
se torna aire que las despierta
con la luz y el rumor de un día de verano
lleno de recuerdos, de besos y flores;
de amantes que, cogidos de la mano,
entran en la esfera dulce y húmeda de sus bocas,
con un sueño tatuado en la piel:
el de los días que atraviesan los años.

Desde hace algún tiempo,
en todo cuanto escribo, va el preludio
de esas horas en que todo el cielo
quizá pudiera caber en tus ojos;
y el universo fuera tu nombre susurrado,
una larga caída al vacío que te acaricia,
que te abraza, que resbala por tu piel,
cuando otra piel te pide que la beses.

Digo tu nombre...


Closing Lisboa

IMPROVISACION IMPROVISADA (Rimbaud- Enero 2007)


No hablaré del cielo,
ni de la luna cercana,
ni de nieblas cercenadas,
ni de las tibias mañanas
en que apagaba luceros.

Mi amor estaba intacto;
mi deseo estaba entero.
Yo sentía su mirada
clavarse como el acero
en mi carne desgarrada.

La quise, tan enamorada...
La admiré de cuerpo entero.
No digáis que, en este verso,
no alcanzo a ser muy sincero,
en mi sentir tan disperso.

Solo alguien sabe de esto:
que tengo afanes puestos
en una alejada amistad.
Lo que digan, ¡qué mas da!
serán, ... simples palabras.

Un conjunto de patrañas
Pasadas a signos escritos,
que no pueden reflejar,
y, aún menos, explicar,
lo que roe mis entrañas.

He buscado desde siempre
a esta compañera amable.
Alguien que es tan adorable
que adorna cada mañana
con un poco que me hable.

No sé lo que será de todo esto;
no puedo dejar de sentirlo.
De verdad, no estoy cierto
de que consigamos vivirlo
antes que yo haya muerto.

Pero, demos al destino un dado
que hayan tocados los dedos.
Del puro azar, el ignoto juego
en que urdamos nuestro enredo
como echamos leña al fuego.

Quizá saquemos ese seis
y ganaremos la partida.
Y el premio, sí lo sabéis...
será conseguir la amistad
de esa persona querida.

La anhelo en el deseo
en mis brazos amorosos.
cada noche, me desvelo,
y la paso en un anhelo,
suspirando su presencia.

No pretendo causar daño;
pero tengo la conciencia
de que lo hago muy mal.
Me puede mi ser animal
que me come la paciencia.

Pero quiero tenerla conmigo,
recuperar tiempo perdido
besarla y sentirla tan mía;
confesarle que la quiero
como siempre la quería.

Ella es el argumento final;
el motivo de mi empeño
y del impulso primero.
Es la persona que quiero
que acompañe mi sueño.

Yo no quiero ser su dueño
Y aquí mismo lo declaro
con letras tan maquinales
que da vergüenza leerlas
por ser tan impersonales.

Aunque sea un compañero
Si quieres grito un ¡te quiero!
que suscribo, y confirmo
y expando al mundo entero
si tu me apreciaras lo mismo.

Esta es noche de donaires
aunque aventar los aires
resulta un gesto extraño,
me despojo del sombrero
y lo arrojo a la tierra oscura.

Y si vos no me queréis,
en vez de hacerme cura
como pudierais suponer,
Me recluiré en un centro
donde traten la locura.

Rimbaud

lunes, 24 de septiembre de 2007

EL HADA Y LA NINFA


Un hada y una ninfa
cabalgan junto a mi,
el hada es de Irlanda
y se llama Midhir,
la ninfa es de charca
y le apodan Bepsamí.
Al hada solitaria
le gusta repetir
canciones suaves y dulces
que te acunan al dormir.
Sin embargo es mi ninfa
la que se muestra gentil,
luciendo su bello cuerpo
y tentando mi sentir.
Entre el hada y la ninfa
¿que va a ser de mí?
del hada me gusta su canto,
de la ninfa... para que decir.
potroviejo

jueves, 20 de septiembre de 2007

TRUENO


Suenan truenos lejanos
el cielo se viste de gris,
de gris se vuelve su manto.
Atruenan en mis oídos
esos relámpagos.
La furia de las diosas,
la ira de los dioses
deja escuchar su canto.
La fuerza de mil titanes
batallando.
Del horizonte lejano
al horizonte encontrado,
un rayo cruza el espacio.
¿Existen amores tan fuertes?
¿Existen amores tan altos?
¿Existen amores que quieran,
como abrasa el rayo?

potroviejo

FLOR


Se perdieron los besos
las caricias, los abrazos...
y ahora sentado, este día,
tu imagen se presenta
con aroma de brisa fresca.
Tu imagen, fantasma del recuerdo,
inunda este tiempo
en el que te abrazo,
entre los brazos de mi amor eterno.
Tu sonrisa reflejada, en ese marco,
me ilumina cual destello
y sujeta el corazón
que se me cae a pedazos,
recordando todo aquello.
Flor del jardín de mi vida,
amor de amor naciendo,
enraizaste en mi alma
hasta devorarme entero.
Del halo de tu ausencia,
ausencia sin quererlo,
me agarro como naufrago,
naufrago de un mal sueño.
Y me pego a tu cariño
y me pego a tu recuerdo,
ni lagrimas me salen
de este dolor tan seco.
Me duele el alma,
me duele el duelo,
me duele hasta la vida
que se escapa entre los dedos.
Pero la vida continua,
sin saberlo, emprendo el vuelo,
mientras tu te alejas sonriente
y yo... me sigo muriendo.

potroviejo