viernes, 4 de abril de 2008

EN LO OSCURO

En lo oscuro del tiempo muerto
vibra una sombra cercana,
un día fue alegría,
otro una mala pasada.

Rompe en mi pensamiento;
retumba en mi alma;
me cubre como la noche;
me envuelve y me apaga.

El desierto que ahora me embarga,
tiene las huellas marcadas
de aquellos días,
de aquella etapa.

Caigo en una idea;
me cuelgo de una lágrima,
dibujo con un pincel
de vida desparramada.

Y trepo por mis entrañas
buscando una luz
que, ilumine mi esperanza.

potroviejo

CANTO I

¿Quien os dijo que el poeta era un loco?
¿Acaso es locura hablar de amor?
Dulce locura que, enerva el cuerpo
y el alma suavemente cura.
Que hace ver más allá de la realidad,
elevando misteriosamente a bondad
lo que para otros es simple calentura.

¿Acaso es locura hablar de dolor?
Dolor propio y ajeno,
desgarrado en palabras con valor,
mostrado en una rima pleno.

¿Os dijeron que soy un loco?
Pues os dijeron bien.
Loco soy sin remedio,
amor al mundo y a la vida
y canto cuando puedo
lo mismo que el pájaro trina.

Mi canción se eleva
en las notas del vivir
y por ello entono cuando quiero
amor, dolor y desespero.

potroviejo

lunes, 24 de marzo de 2008

NOCTURNO (Rimbaud) marzo 2008.



No recuerdo bien tus palabras,
pero has vuelto a remorderme
el dúctil cobre de la memoria
con la fuerte sal de tu mirada,
dejando otra huella indeleble:
un fino trazo de suave dulzura.

Hace muy poquito, los tambores
retumbaban por las frías calles,
con resonantes ecos de misterio,
robando sueños y albos desvelos;
despabilando conciencias tibias;
preconizando crueles tormentos.

Sonsonetes, trompetas y clarines,
desgranaban maullidos asonantes,
ahuyentando los tímidos pecados
como a sospechosos negros gatos,
de hirsuto pelaje erizado y agudo,
que se espantaran de sí mismos.

Las dolientes luminarias de cera
de tantos disciplinados cofrades,
ungían de vaho, amarillo y oro,
los encalados rincones del Rocío;
los balcones repujados de hierro,
enlutados con oscuros crespones.

Impaciente y amoroso, Don Juan,
con su extremado y gélido aliento,
silbaba agudos piropos de hielo
a la novicia lunática y ausente,
tocada con el blanco de las nubes
en su hábito universal e infinito.

A hombros de los duros costaleros,
abriendo los brazos con ternura,
la virgen del dolor, la negra rosa,
acunada suavemente, se balanceaba
escuchando, postrada de hinojos,
el aquejumbrado dolor de una saeta.

Las letanías eran rumores de oleaje
brotando de un mar de penitentes.
Las rejas liberaban pájaros ansiosos.
Llovían, mezclados, pétalos de rosa
y lágrimas dentro de los corazones,
y en el cristalino brillar de los ojos.

De este modo pasaron algunas horas,
vestidas de túnicas, hábitos y capirotes,
de los tantos días de la Semana Santa;
en cualquier lugar, en cualquier villa.
Por ejemplo, y no es por querer señalar,
ahí mismito: en la ciudad de Sevilla.

Rimbaud

jueves, 6 de marzo de 2008

AL MARGEN, LA PALABRA ( Closinglisboa (febrero 2008) )

Escrita en el margen de un libro,
la palabra vida se alia con el texto,
como la amante que dulce alimenta
la pasión encendida en sus páginas.

Un soplo de aire crea una nube de confetis
que bailan, mientras caen lentamente,
para colmar de augurios y presagios
la existencia de aquellos que, brújula en mano,
sueñan, despiertos, hallar otro punto cardinal.


Closinglisboa

miércoles, 20 de febrero de 2008

CARAMELO SALINO (Rimbaud - Febrero 2008)


Chupé tus labios, sediento de azúcar y luna;
la sal me devolvió los sabores grises del mar;
mi lengua se perdió en recovecos de espuma
y las arenas quedaron embebidas de bruma,
mientras iniciábamos nuestra danza de amor.

Tenue fue el contacto con tu piel nacarina,
encendida la mirada que observó tu bailar,
oscilando en el aire en flotante serpentina,
apresado en tus brazos, furtiva danzarina,
arrebatado, cautivo del deseo y de tu calor.

De lejos llegó el sonido oscuro de tu voz divina,
y el rumor apretado de las olas en brutal roar,
sonora llamada de sirena, con canto de bocina,
rasgando nieblas saturadas de húmeda calima,
ocluyendo en un negro cielo las luces del albor.

Tendida, sobre un húmedo lecho de algas finas,
te hice mía, sin que pudieras negarte a mi gozar.
Y dentro de tu cuerpo, mi brillante aguamarina,
entregué la razón de mi deseo, dulce concubina,
con el excitado gritar animal de un rudo clamor.

Ahora, alejados por tantas millas de agua salina,
no me queda otro remedio que intentarte soñar,
Mis recuerdos son hoy blanca y suave muselina;
velos tenues en arrebujes de tela sedosa y fina,
como suspiros sembrados en rastrojos de dolor.

Rimbaud

miércoles, 13 de febrero de 2008

ESPIRITU DE NAVIDAD (Rimbaud - Enero 2008)

Dudo
que podamos recuperar, al próximo futuro,
con plenitud,
el perdido espíritu sencillo de una Navidad
que celebrar.

Especulo,
sobre la falta de profundo sentimiento,
y auguro
que jamás volveré a sentir un contento
duradero.

Es navidad,
y nos deseamos una gélida e imposible felicidad,
rutinarios,
cuando pensamos hacer un ejercicio de caridad
solo por saludar.

Mujeres sentadas,
en el regazo pudoroso, recogidas,
portan
mazos de rojas pascuas floridas,
en un florero.

Madres,
llevando, cuidadosas, sus abultados vientres,
cultivan
la fértil semilla de unas vidas incipientes
que alumbrar.

No hay señal
de que aparezca, por el oriente, la estrella
y el ángel,
que anunciaban el signo de la paz bella;
y desespero.

Aún pienso,
aunque no recuerde cuando tuve oportunidad
de cantar
aquellos simples villancicos de alguna Navidad,
sin llorar.

Moviendo
rebaños de ovejas, los pastores pernoctaban
la Noche Buena.
Recuerdo los días en que, velando, aún soñaba
con ser aventurero.

Los cristales,
rodeados de musgo, eran claros manantiales,
de agua fingida.
En cuadras de madera y barro, los animales
calentaban el hogar.

Sabios,
que la tradición calificaba como adivinos,
o magos,
recorrían el aserrín arenoso de los caminos
con paso austero.

Veo que,
como siempre, los inocentes y sencillos,
pasaran apuros
al ver qué prestos se afilan los cuchillos
de degollar.

Alambres
retorcidos aprisionan las conciencias.
Y los verdugos
darán muerte cruel a la inocencia,
por dinero.

Camellos
que no arrastran carros llenos de turrón.
Tanquetas,
llevando enfilado el negro gris del cañón
de arrasar.

Mirad hoy:
entre las brumas polvorientas del desierto,
cómo surge
el pálido oasis, convertido en helipuerto
artillero.

Casi mudo,
el silbido asesino de las metrallas;
abrirá claroscuros
de cal agujereada, en las murallas
de ejecutar.

Aventuro,
que resonará la zambomba seca del metal
duro,
y el fragor vibrátil del cruel estallido letal
y artificiero.

¡Qué vergüenza!
que se confunda la razón con el discurso vano;
o el honor y la gloria
con conducir hacia la muerte a tanto humano,
sin pensar.

¡Perjuros!
Habláis de la paz como vil canalla
entre promesas
de esperanza tejida con gruesa malla
de acero.

¡Figurones!
creados por quienes quieren recrear Reyes y Pajes
falsos,
cubriendo cabezas y heridas, con vendajes
para curar.

Lunas y Cruces
curvas, con líneas de espada enrojecida.
Y sobre azul,
estrellas blancas de la autoridad ejercida
como maestro armero.

Las bengalas
y las balas trazadoras, que se disparan a cientos
iluminando el cielo
de las "mil y una noches", hechizadas de cuentos
por inventar.

Blancos
hogares de cal, con esencias de mirra y oro
ennegrecen,
abrasados por el fuego imparable, sus tesoros
de zafiro y luceros.

¿Quién es
el que quita a los niños el arma inocua de su sonrisa
desnuda,
para entregarles un fusil y la triste uniforme camisa
de guerrear?

Aquellas
voces limpias que recitaban cantares entonados,
se quiebran
en sus jóvenes gargantas de buitres, descarnados
y rapaceros.

Dolientes,
aún existen cantores revelando el misterio
de la suerte,
celebrando tener la triste paz de un cementerio
como pudridero.

Queremos vivir...
No intenten resolver la vida con la muerte.
Admitiendo
que la existencia es lo contrario de lo inerte,
dejen a los vivos gozar.

Rimbaud

sábado, 3 de noviembre de 2007

NOCHES CLARAS, NOCHES OSCURAS


Algunas veces las noches son oscuras y otras veces son claras,  aunque esto parezca obvio por la claridad de la luna o la cantidad de nubes que cubran el cielo, no es a eso a lo que me refiero, independientemente de la fase de la luna o de la cantidad de nubes que cubran el cielo, las noches pueden ser claras u oscuras. Llamo noche clara a esas noches en las que parece ir bien todo, quizá una buena compañía, tal vez una cena agradable o simplemente una conversación reposada mientras degustamos un buen té o una copa de Armagnac. Aroma a café recién hecho e incluso un tenue olor a tabaco de pipa, cada uno puede imaginar el momento y la situación que da lugar a ese estado de perfección, instantánea en el espacio corto de una noche lenta. Noche de verano, tumbado sobre la hamaca contemplando un cielo estrellado de luceros que nos guiñan sus luces lejanas, posiblemente una música suave que llena el ambiente con melodías de antiguos recuerdos. Una mano que nos acerca el azúcar, mientras sus labios sonríen al son de un baile cadencioso apenas insinuado en la mirada viva y alegre de algún acompañante. Ese tiempo nocturno en el que nos gustaría quedarnos un par de siglos, pero que conscientes de su efímera existencia bebemos con ansia, saboreando hasta su última gota. Eso es lo que llamo una noche clara, amigos, conversación, cascada de ideas saltarinas entre risas y temas serios, intranscendencia del tiempo, lo que cuenta no es la línea sino el flahs instantáneo, el recuerdo de otros momentos mientras creamos nuevos recuerdos, el debate de visiones que aunque sean diferentes, siempre son armónicas porque lo que importan son las personas, arte, literatura, música, la compra del día, el fútbol, el trabajo, filosofía en zapatillas o los secretos de la vida, todo cabe en una noche clara y cada tema cada minuto ilumina más y más. También aunque sea una noche de invierno, sin estrellas que contemplar, sustituimos su luz por la llama de un buen fuego, o tal vez por las luces parpadeantes de unas velas y miramos hipnotizados la llama que se retuerce con la misma intensidad que aportamos calor al momento. Nada inquieta, sabemos que son las horas de dejar esas historias, que pasada la noche volverán a rondar en la cabeza.

Luego están las noches oscuras, horas largas nocturnas que flagelan nuestro pensamiento, horas amargas cual hiel, que no podemos tragar ni siquiera con el café endulzado, en esas noches el alma no flota, se arrastra pesada sobre las sombras que invaden el lugar de nuestro existir. Soledad, tristeza, abandono, olvido, preocupación, se abre un vacío redondo donde caer sin poder asirnos a sus márgenes. Las ideas nos rondan como carceleros de nuestro propio cerebro, golpean las meninges y hacen crecer un dolor sordo que partiendo del estómago se asienta en la cabeza, si pretendemos refugiarnos en el sueño, éste esquivo, huye de nuestro lado dejándonos a merced e una realidad que no queremos, pero que sufrimos en contra de nuestros deseos. Las horas pasan lentas y el rítmico golpeteo del reloj retumba en nuestra mente inquieta, nerviosa y cansada. Algunas veces deambulamos por la casa sin rumbo fijo de habitación en habitación y otras dejamos la mirada perdida en un horizonte inexistente, mientras nuestro cuerpo permanece anestesiado a todo lo que le rodea. Noches oscuras, largo camino entre el crepúsculo y el alba que necesariamente recorremos solos. El pensamiento de que al final volverá a salir el sol, es nuestra única esperanza, a la que nos agarramos como a una tabla en un naufragio.

Noches claras y noches oscuras, todos tenemos esas noches, aunque solo quisiéramos tener las primeras. Hay un tipo de noche más son las noches de amor, estas no son claras, ni oscuras, son noches especiales que traspasan el límite de lo puramente terrenal, porque pasearse por las horas mágicas donde dos almas caminan juntas es otra historia y por tanto requiere de otro cuento...  tal vez mañana hable de ello.

potroviejo