Aunque algunas veces
la memoria me traiciona,
los sueños se emborronan
y los deseos se confunden.
Aunque algunas veces
no soy más que una pantomima
de mi propio ser,
grotesca y retorcida,
con un gesto de papel.
Aunque algunas veces
quisiera cumplir esa esperanza
que huyó de mí,
perdida en la bruma
de mi mente atormentada,
cansada de esperar
el siguiente amanecer.
Grito al cielo...
vacío de dioses comprensivos,
y mi garganta se desgarra,
en un alarido.
Perdido en el olvido
de cualquier recuerdo humano,
mi espíritu cabalga a horcajadas
sobre el lomo estremecido
del corcel de la desesperanza.
Si una lágrima saciara
mi carencia húmeda
del vital flujo acuoso,
lloraría años gustoso,
pero hasta las lágrimas
son saladas.
potroviejo
viernes, 14 de septiembre de 2007
NO VOLVERÉ
No volveré a escribir bellas palabras,
no cantaré más veces al amor,
vaciaré el cajón de los sueños,
limpiaré el armario de delirios.
Cuando la luna asome con su luz llena
esconderé mis ojos tras los párpados.
Sellaré mis labios para que no besen,
volveré mi corazón de piedra.
Olvidaré los momentos de pasión,
no rozaré tu cuerpo nuevamente,
y tus labios, enorme tentación,
se borraran de mi memoria.
Vaciaré mis venas de la sangre que circula,
para que no quede un resquicio
de candor, ni de ternura.
Con mi cuerpo vacío y desprovisto
de toda sensación,
lo dejaré secarse en el olvido,
esperando que un buitre amigo,
de él, de buena razón.
potroviejo
no cantaré más veces al amor,
vaciaré el cajón de los sueños,
limpiaré el armario de delirios.
Cuando la luna asome con su luz llena
esconderé mis ojos tras los párpados.
Sellaré mis labios para que no besen,
volveré mi corazón de piedra.
Olvidaré los momentos de pasión,
no rozaré tu cuerpo nuevamente,
y tus labios, enorme tentación,
se borraran de mi memoria.
Vaciaré mis venas de la sangre que circula,
para que no quede un resquicio
de candor, ni de ternura.
Con mi cuerpo vacío y desprovisto
de toda sensación,
lo dejaré secarse en el olvido,
esperando que un buitre amigo,
de él, de buena razón.
potroviejo
MUERTE
Entre las piedras de aquel cementerio,
recordando los cuerpos que hoy yacen muertos,
estatuas frías, flores marchitas, grandes silencios.
Seres que fueron palabras y movimiento;
amores enterrados;vidas de otros tiempos;
sueños que acabaron, en sueños ciertos;
esfinges y lápidas de puro cemento.
Paseo entre almas que seres fueron,
hoy cenizas o apenas unos huesos,
suspiros de cuerpos, cuando las mentes
recuerdan y añoran los muertos.
Silueta del viejo ciprés, que siempre allí serio,
vigila la sombra que cubre el silencio.
La muerte no es dama de negro encuentro,
solo es un sueño que se sueña despierto.
La muerte es distancia y perder el recuerdo.
potroviejo
recordando los cuerpos que hoy yacen muertos,
estatuas frías, flores marchitas, grandes silencios.
Seres que fueron palabras y movimiento;
amores enterrados;vidas de otros tiempos;
sueños que acabaron, en sueños ciertos;
esfinges y lápidas de puro cemento.
Paseo entre almas que seres fueron,
hoy cenizas o apenas unos huesos,
suspiros de cuerpos, cuando las mentes
recuerdan y añoran los muertos.
Silueta del viejo ciprés, que siempre allí serio,
vigila la sombra que cubre el silencio.
La muerte no es dama de negro encuentro,
solo es un sueño que se sueña despierto.
La muerte es distancia y perder el recuerdo.
potroviejo
jueves, 13 de septiembre de 2007
CERRE LA PUERTA (ClosingLisboa - Agosto 2007)
Cerré la puerta de los recuerdos,
para mirarte.
El peso de aquel sueño roto,
fue nube que se llevo el viento.
La paz me invadió;
la inocencia volvió a mis ojos,
y a mi sonrisa.
No fabriqué otro sueño;
solo me senté a respirar
el aire de la noche junto a ti,
mientras las horas
pasaban placenteras,
y algunas palabras huían desgastadas,
porque, otras, tenían su propio latido.
Aquí estás, cercano, duro y tierno,
como yo que, desnuda de velos,
me doy tal como soy.
Closing Lisboa
Agosto 2007
martes, 4 de septiembre de 2007
RONDA A UNA DAMA ALEJADA ( Rimbaud - Septiembre, 2007)
Hoy, he presentido el futuro incierto de mi vida
mientras recorría estos caminos donde antes
jugaba alegre, en mi pronta juventud perdida;
y revivido, en semblantes apenas recordados,
los tiempos que no se hallan ahora presentes,
transformados en imprecisos rictus olvidados.
Pero, dejémoslo, que ya lo doy por mal perdido.
Veo que, lo que fuera sentimiento, es rechazado.
Me han acercado a tus puertas, muy fogosos
de un potranco, los pasos bravos, prolongados.
Soportando mis doloridos pasos presurosos,
aún recorro senderos de guijarros aguzados
y mil poemas, que relatan amores venturosos
mientras busco sonidos armónicos, recitados
con hilos de voz que ansían parecer hermosos
tejiendo, entre suspiros, los deseos anhelados.
Noble bruto que al llegar al recinto rebullía,
desmontando al jinete impaciente y agitado.
Una luz suficiente: una ventana y una bujía
que portaba sombras fantasmales al terrado.
Mas, no era a los fantasmas a quien yo temía,
sino a tus ausencias, y a tu mirar tan alejado.
A que me ignoraras deliberadamente, tan fría
como si no suscitara en ti ni un gesto amado.
Cuando hoy, en el pétreo quicio de una puerta,
embriagado por los rumores de la tibia noche,
a la sombra de una terraza florida, engalanada,
descabalgo, como un muñeco, ante el porche
de la casa donde moraba mi dama, la adorada.
Ante el ventanal, que refulge como un broche,
alzo al cielo turbio y a la luna gris una mirada;
cursando ardientes reclamaciones sin reproche.
Una luz, es el fanal de una ventana entreabierta,
adornada de magnolios y de rosas encarnadas.
Una puerta de madera, dispuesta y casi cerrada,
y las cortinas, medio descorridas o desveladas,
darán paso a tu presencia esquiva y silueteada.
No puede ser un caballero tan herido por lanzadas,
desdenes, juegos y risas de chanza intencionada;
flores con espinas de silencio y esperas desairadas.
No ruegues a Eros, dios del querer, que no te ame
ni des negligente quejumbre al lucero que te excita;
aunque, en silencio y ausencia, la pasión te llame.
Escucha a solas la voz del corazón, que te suscita
que la pujanza de tu emocionalidad venal se inflame
con la vehemencia de ardor carnal con que te invita.
Nunca pienses que rendirse a gozar es cosa infame
cuando, a tu candoroso oído, un poeta cantor recita.
Mis agudas baladas, te reclaman en su contento;
y el agua, deslizándose por arroyos rumorosos,
sortea la verdeante piedra gris del pensamiento
y brota en caudal del seno de tu pozo venturoso.
Es inevitable que no quieras domar tu sentimiento.
Sin pedirlos, vendrán momentos muy hermosos
en que el amor te alcance en ardoroso intento
sumergiéndote en un manantial fluido y gozoso.
Por mucho que algunos te trastornen la cabeza,
alumbrarás de tu redondo vientre la conciencia,
tomando la plenitud de tu sentir y su fiel belleza;
todo aquello que no conseguirá nunca la ciencia.
He amado siempre el excitable ardor de tu fiereza
disfrazada de voluptuosidad, e inquieta paciencia,
haciéndome desesperar en el deseo de tu terneza
hasta alcanzar el árido recelar de tu inclemencia.
No podrás jamás, niña dorada, evitar reflejarte
en el lago azul de los cisnes que aún palpitan
a la vista de alguna de mis estrellas titilantes;
O que, reflejos de luna, en el agua se derritan.
En la sombra del jardín, oculto mi yo galante,
y los versos de frases ingeniadas que recitan
lo que no puedo jamás reprimir de mi talante.
Los recuerdos, de fogosa excitación, no evitan
que pueda ansiar tu blanca piel besar constante.
Abrid de una vez la balconada a quien declama.
Dejad que entre el soplo del amor en los adentros.
Hacedme lugar junto a las sedas de vuestra cama.
Ved que vivir es mi motivo y razón de sufrimientos,
y mi pasión, es un placer reclamado de plena gana.
Al pie de la luna, subyugado a los propios vuestros,
os ofrezco dejar tendido mi gorro de plumaje grana
como tributo de un hombre feliz, al amor presto.
Rimbaud
sábado, 25 de agosto de 2007
A Juan Manuel Serrat
Aparecesy esa voz, la bondad
en la mirada de ojos tristes y la sonrisa,
rompe el velo del olvido,
irrumpe trayendo olores, ambiente
y añejos sentimientos
con ese sabor a chocolate
del más fino y dulce bombón.
Sentada en la escalera del patio
una tarde entre las de mayo,
yo cantaba las declinaciones latinas,
la enredadera jugaba entre mis piernas,
tus olas susurraban mis oídos
y deseé a mis once años conocer ese mar,
“porque tú naciste en el Mediterráneo”.
La incertidumbre de adolescente,
¿qué hacer?
y me presentaste a Machado
entre juegos de palabras,
que solo el tiempo me hizo comprender:
“…caminante no hay camino,
se hace camino al andar..”
Mis lágrimas han sido acompañadas
por esa “Balada de otoño”
que no puedo cantar sin llorar
ni estar mal sin cantar.
“..qué por una sonrisa, doy todo lo que soy”.
Y “cumplí veinte años”
con un “pobre poema de amor”,
aprendí a entender en catalán
“sencillas palabras de amor”,
me emocionaste en mi vida
como hija y como madre con:
“qué va a ser de ti lejos de casa,
nena que va a ser de ti..”
Y canté, “...para la libertad...”
contigo y otros poetas.
Mas no sé si podré perdonarte
que me descubrieras y …¡chivato!,
lo publicaste a los cuatro vientos...
..”Te levantarás despacio,
poco antes de que den las diez
y te alisarás el pelo..”
Gracias por ser
una de “aquellas pequeñas cosas,
que me dejó un tiempo de rosas…”.
Y sigue sorprendiendo como juglar
mis sentimientos, mi vida,
y se siempre ..”un árbol talado
que retoña y aún tiene la vida..”.
Sol (Mujer de Rojo)
miércoles, 22 de agosto de 2007
CADA EQUIS TIEMPO (Rimbaud - Agosto 2007)
Cada equis (incierto tiempo,
aunque nos aflija el temor
de no aceptar el misterio);
anegados por un frío dolor,
debemos ir al cementerio
en algún penoso momento.
Y ha ocurrido esta mañana,
en que las flores marchitas,
amustiadas por los olvidos,
eran unas opalinas sonrisas
abandonadas en sus retiros,
soñando otra luz temprana.
Anteayer, en luna creciente,
con fatiga y ronca amargura,
nos abandonó en un suspiro
el que ansiaba otra luz pura:
La conciencia de un amigo
que aún tenemos presente
Ha sido profunda la herida
que le ha infringido, feroz.
Y, quizá, con buena suerte,
por un desenlace tan veloz,
le ha devorado la muerte
que se nutre de otra vida.
Estuve un rato a su lado,
separado por el cristal
que apartaba su silencio
del triste abrazo global,
de los abrazos, lamentos,
y del llanto derramado.
Tan serio, sus ojos dormidos
entre las floridas coronas
encintadas con memorias...
Muy adecuado a sus ganas
de disfrutar, sin más gloria,
que el amor de sus amigos.
Deserté de la sala privada
y volví a sentir la vida latir,
viajando por aires y soles;
y a los pájaros, con el batir
de aleteados temblores
en pos de la tierra perdida.
Esta mañana temprana,
entre senderos de lodo,
hemos hecho el camino
hacia donde queda todo
embarrado y sin destino;
rota la esperanza vana.
Hoy, todavía es verano
y, por la gracia del cielo,
vuelan abejas afanadas
entre flores de terciopelo,
y hojas, de agua perladas,
que rezuman en la mano.
En un lugar del Campo Santo,
con nichos, de planas losas
escritas con nombre propio,
estaban, algunos, con rosas,
de las que se hacen acopio
en jarrones de ancho canto.
Poblados lugares desiertos;
cuidados campos de hierba
por ángeles de dura piedra;
y una saturación de santos
medio ocultos por la hiedra,
adornando hogares muertos.
Enfrente de nuestra mirada
queda un bosquecillo oscuro,
que está siendo desbrozado
para alzar algún otro muro
donde dejarnos encerrados
cuando vayamos a ser nada.
Ya no trabajan las palas
que antes abrían zanjas.
Ahora están conformados
los paneles y las franjas
que nos tendrán apilados
en cajuelas enterradas.
El aroma de los cipreses
difunde efluvios livianos.
Las nubes hisopan lluvia
sobre los pocos cristianos
congregados por la curia,
como fieles feligreses.
Veo una mirada limpia
de un cura, sin sotana,
que pasa, solemnizando
ceremonias, la mañana;
según se van enterrando
los muertos de cada día.
Me lío en conversaciones
acerca del tema esotérico
sobre el imaginario cielo
y del porvenir materico
lejos del polvo del suelo;
no acordando conclusiones.
El infierno o el purgatorio,
para lavar muchas culpas,
nos sugiere como destino
quien, pidiendo disculpas,
se asemeja en el desatino
a un nuevo Juan Tenorio.
Me cuesta mantener la Fe
de las virtudes cardinales.
En lo que respecta a vivir,
somos como los animales
a los que les toca el sufrir,
y nunca sabemos porqué.
Con sentencias rituales,
y unos rezos musitados
de forma casi inaudible;
con los rostros enlutados,
firman testimonio ilegible,
varios testigos formales.
Abrazamos a la triste mujer
que envía al amado ausente
una larga mirada, apenada,
con ojos que ya están secos;
aunque llore desconsolada
porque más, no cabe hacer.
Crucificando el cuerpo
con la señal de la cruz
y la frase de una verdad:
“En el nombre de esa luz
Padre, hijo y la Trinidad,
entrego a mi amor muerto”.
A lo lejos, las aeronaves,
pintadas en plata y azules
ponen rumbo al Oriente.
Meciéndose entre nubes,
buscan al astro luciente,
tal suelen hacer las aves.
Todos elevamos las miras:
los animales que sueñan;
los artilugios que ascienden;
los anhelos que suspiran;
los creyentes y penitentes
que quieren curar heridas.
Lanzo una mirada al suelo
olfateando la tierra, atento.
La lluvia aún no ha cesado,
y tiene un olor de fermento
que el sol no ha evaporado
y va ascendiendo al cielo.
Entre rasgones nubados,
entran ráfagas de fuegos
dando su color al duelo
de oraciones y ruegos,
que traducen el anhelo
de los seres desterrados.
Mientras, silente, repito
palabras sin gran sentido
y, por el uso, aprendidas;
contemplo, de mi amigo,
la imperturbable partida
hacia un destino infinito.
Refulgiendo al nuevo sol.
sobre tumbas en reposo;
como polvo de diamante,
fluyendo lento y viscoso,
dejan su rastro brillante
las babas de un caracol.
Rimbaud
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