miércoles, 25 de julio de 2007

AMOR Y SILENCIO

Cantos añoro de viejos cuentos,
las páginas rasgadas
los colores yertos

Algunas palabras suspenden el tiempo
otras en cambio avivan su fuego,
sonidos cálidos en mi cerebro,
momentos tranquilos, que como viento
airean el alma y el pensamiento.

Sonido de una campana lejana,
amor que yace en el lecho,
desnuda se muestra sin secreto,
la piel como entrega,
los labios abiertos.

Desciendo a la profundidad de su mirada,
que pausada reclama, amor y deseo,
poso mis labios, en sus labios abiertos,
mi mano en su mano,
mi pecho en su pecho.

Y no suena ni una palabra,
que el gesto reclama
amor y silencio.

potroviejo

jueves, 5 de julio de 2007

NUBES DE CRISTAL

Algunas veces viajo por las frágiles nubes
de cristal de mis pensamientos perdidos,
en lejanos mundos, tan distintos a éste,
que diríase que no existen.

Sin embargo estos mundos, perdidos
entre las brumas de un destello,
de deseo contenido y continente,
devuelven un amor latente.

No contienen odio ni rencor,
tan solo dosis de dolor ajeno,
porque hago mío el sufrimiento
de sus campos de grano y heno.

Mi amor no quiere, tan solo siente,
y por ser sentimiento y no deseo
su etérea forma se desvanece
en el cotidiano devaneo.

potroviejo

SUEÑO CONTENIDO

Los pasos perdidos de mi memoria
apenas recuerdan los pliegues del tiempo,
Se me hace un nudo en la garganta
escuchando esa música que trae
imágenes y sueños.

La cara de niño atento al acontecer,
el adolescente cambiante,
el adulto ciprés.

El viajero tiempo,
hace un guiño al cuerpo,
dejando en surcos marcado
cada historia y cada momento.

Paloma que al volar fue,
sueño contenido
que se sueña después.

potroviejo

sábado, 30 de junio de 2007

A CABALLO

Me gustaría ser caballo,
para no reprochar nunca.
Me gustaría ser caballo,
para llevarte sobre mi espalda.
Me gustaría ser caballo,
para serte siempre fiel.
Me gustaría ser caballo,
para pasear a tu lado.
Me gustaría ser caballo,
y por tus piernas estar montado.

potroviejo

SEDIENTO

El día sediento se siente
las horas transcurren
monótonas y continuas
la palabra callada
el alma colgada
en una esquina.

Una mirada furtiva
que atisba un paisaje,
como el día sediento
distante en la lejanía.

Trago saliva.

potroviejo

ESCRIBO


Tiempos de cambio llegan,
solo me enfrento a ellos.
Nace una nueva mañana,
para mi tiempos ciegos.

Escribo con el alma
pero no para los perros,
que hambrientos se tragan
todo lo que cae cerca de ellos.

No digieren las palabras,
ni digieren sentimientos,
solo tragan y tragan
sin saber sacar de aquello,
ni aromas, ni paladares,
solo excrementos.

Escribo para los ojos
que leen siempre atentos,
ni sueños, ni vaguedades,
ni ilusiones, ni tormentos,
tan solo realidades
que cruzan como el viento.

Escribo para las mentes
abiertas a otros cuentos,
que entre líneas y frases
saben entender aquello,
que contienen las palabras
que se encadenan en el verso.

Escribo para el sentido,
sensible del sentimiento,
para aquellos que en silencio
dicen algunas veces,
más que yo en cien versos.

Escribo para ti,
si es que has leído esto,
y al final del poema has encontrado
un sentido a lo aquí expuesto.

Tiempos de cambio llegan,
pero no estoy solo ante ellos,
nace una nueva mañana
y la luz ilumina el cielo.
potroviejo

martes, 5 de junio de 2007

CON LOS BRAZOS EN CRUZ



Con los brazos en abierta cruz
respiro el último aire de la noche.
Hace rato que me llama el silencio,
tocando mi hombro agudamente,
como las uñas de un pájaro furtivo.

Frente a mí, luce un foco intenso.
Como en un interrogatorio policial,
¿qué estas haciendo? - me digo.
Mientras, a través de ligeras cortinas,
se filtra la clara e intensa luminaria.

Y no sé que puedo contestarme;
enfrente ya no tengo casi nada:
esa única luz que me deslumbra
y puedo musitar unas palabras:
un posible adiós, o un hasta pronto.

¿Qué puedo hacer con la vida?
Siempre he creído que era mía,
y veo que se me va gastando
como la tierna cera de una vela.
fundida por el calor del tiempo.

He llegado a esta edad algo lejana
donde avisto una borrosa frontera:
el panorama de otra parte de la costa,
al lado de un mar que parecía eterno,
y que he sentido el temor de cruzar.

Al que he temido desde siempre,
aunque me esperaba ahí, paciente,
a que tomara los remos de mi barca,
empujándola a flotar sobre el agua
para tomar el rumbo de las estrellas.

No tengo más recurso que navegar
en ese líquido mar de desencuentros,
donde cada ola es un obstáculo a salvar
esforzado, estando obligado a arribar
a la lejana orilla desolada de la nada.

Estos días he pensado mucho en mi muerte
¿Cómo será? ¿Cómo vendrá? ¿Con qué dolor?
Y me ha suscitado un gesto de indiferencia.
Cuando resuene el bronce de la campana,
ya nada habrá que hacer, y estaré dispuesto.

Hacerse mayor es concebir la evidencia
de un hecho que nos llega con la vida.
Puedo leer en el interior de mi conciencia
que cada ser vivo es un previsto muerto,
desde que le toca la aventura de nacer.

Entretanto, me queda algo que cumplir:
aprovechar la ruda fuerza de mis manos;
continuar en esta labor de esfuerzo vano
para generar, al menos, alguna cosa bella,
que salvar de la voracidad de los gusanos.

Sé que todo suena a demasiado triste;
pero la melancolía me está atacando
hundiendo en mi pecho su agudo sable.
Y es que llevo, estos días, sumergido
en una profunda tristeza insondable.

¿Qué haré con el resto de mi vida?
Hoy me siento un tanto miserable.
He decidido que debo trabajar más,
y llenar mis días con lo mejor hecho,
ya que alcanzar gloria es improbable.

Así, cuando deba, entregaré el pecho
vacío de todo lo que haya generado
y nadie podrá devorar lo ya creado
porque ha salido de mi ser, ya hecho
forjado material, labrado con trabajo.

Lo dejaré en mi testamento emocional,
a mi mujer, hijos, y a mis hermanos
para que recorran, con dedos cariñosos,
las pinceladas que estuvieron trazando
despacio, los ágiles toques de mi mano.

Ese será mi mensaje y legado póstumo:
algunos versos que tengo por aquí,
abandonados sin orden ni concierto;
como estos que escribo a quien quiero
como si siempre lo hubiera deseado.

No deseo ni puedo abrir ahora los ojos,
así que no sé cómo será mi ortografía,
porque escribo al tacto sutil del ensueño.
Creo que ya mi alma no tiene otro dueño
que la inútil desesperanza de esperar.

La puerta de hierro, comienza a cerrarse
con su lento abatir de madera y hierro.
Al fin y al cabo, vivimos en un encierro;
una jaula de pájaros con muchas cosas;
un cofre de recuerdos vitales disecados.

La mente es un secreto rincón privado;
archivo gigante de memorias anidadas.
Un almacén discreto, repleto de objetos,
que ansiamos, obsesivos, conservarlos,
como entierra su hueso cualquier perro.

En un pensar y un existir, desorbitados,
por no saber qué decir en la última hora
en que aceptemos irnos, sin mirar atrás,
admitimos que los objetos sean reunidos
con los que otros dejarán abandonados.

Se esfumarán voces de ajena compañía.
el último autobús, el taxi que iba vacío,
al que paramos para volver a refugiarnos.
El semáforo verde, que aguardábamos
a que nos diera el paso hacia la vida.

Por no saber qué decir, a última hora
en que debamos dejar sin mirar atrás
todo esto que nos ha llenado cada día:
Creo que mi alma no tiene ya otro sueño
que la inútil esperanza de no esperarle.

De todo lo que permite que existamos,
algo habrá, no imagino donde ni cuando,
o a lo que podamos acogernos algún día.
El portal de la vida, acabará por cerrarse
bruscamente, a golpe de madera y hierro.

Pero no poseo la virtud confiada de la fe
ni he regado la otra flor de la esperanza.
Es que tengo el alma yerma de cosechas.
No me punzan el corazón los dolores
remordientes de tener otros amores.

Cómo se puede vivir sometido en porfía
con la tibia creencia de cualquier utopía.
Lo que me inculcaron en el lejano pasado
en este momento no tiene la menos valía,
es un lastre en mi carel que no compensa.

Solo me reitero en un simple pensamiento:
Si no recuerdo nada antes de mi nacimiento,
¿porqué creer que, después, habrá otro día?
De un vacío de consciencia provenimos,
y a un estado de inconsciencia llegaremos.

Cuenta el hoy, y el ahora, este fugaz momento
y siento no tener ganas de escribir con alegría;
pero estoy tratando de no acabar ahogándome
en el oscuro y agitado mar de esta melancolía.
Lo siento, lo siento, de verdad. Lo siento tanto...

Rimbaud